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Se estrena en Cuba la cinta Caballos, de Fabián Suárez

30 de septiembre | 2015

Por: Antonio Enrique González Rojas

La película de largo metraje Caballos (2015), ópera prima del joven dramaturgo, guionista y director cubano Fabián Suárez —egresado de la especialidad de Guión de la EICTV en 2012— se estrenó en el espacio Cine bajo las Estrellas, organizado sistemáticamente por la Embajada de Noruega en Cuba para la apreciación y debate de la fílmica de ambas naciones. La exhibición fue precedida por Mila Caos (Simon Paetau, 2011), corto escrito por Fabián durante sus estudios.

Además de la participación directa de la EICTV como co-productora, sobre todo en el aspecto de la posproducción, los apartados creativos más importantes están en manos de otros egresados, como el editor español Juan Manuel Gamazo (2011) y el fotógrafo Javier Labrador (2012), en parte porque —al decir de Suárez tras la proyección de marras— también concibió el proyecto en el centro.

Sus días de EICTV sólo fueron el inicio de los cuatro años de gestión, rodaje y posproducción de Caballos, cuyo estreno mundial ocurrió hace un mes en la más reciente edición del World Cinema Amsterdam Festival, donde se busca hacer confluir lo mejor del cine independiente de América Latina, Asia y África.

Protagonizada por Carlos Alejandro Halley, en el rol de Robi (diminutivo de Robert Mapplethorpe, en directa referencia al fotógrafo), Pablo Guevara, como Salomón Rockefeller, Linett Hernández como Galaxia, Milton García como Jairo, y Edith Massola como Verónica, Caballos se sustenta en la obra teatral homónima de Suárez, que fuera laureada en 2007 con el Premio de la Ciudad de Holguín, locación natal del creador.

Aunque, más allá del título, las dos piezas difieren mucho, pues mientras el texto teatral ficciona la relación entre el “verdadero” Mapplethorpe y la cantante y poeta Patti Smith, que se concretó en la clásica foto de portada de su disco Horses (1975), la cinta reelabora completamente anécdota y contexto para desarrollar una historia cubana de tintes minimales e intimistas: verdadera madeja erótico-amorosa —más que simple triángulo— entre los primeros cuatro personajes, donde tensiones y seducciones se equilibran en un todo intenso.

Resaltan los valores visuales de Caballos, donde la fotografía en blanco y negro de Labrador (con más presencia en el contexto documental con obras como Hotel Nueva Isla) se apropia de los presupuestos estéticos de títulos muy importantes del cine cubano de los sesenta (Ramón F. Suárez-Memorias del subdesarrollo) e inicios de los setenta (Luis García-De cierta manera), además de la propia obra fotográfica fija de Mapplethorpe, cuya presencia levita en cada plano y cada diálogo.