DE PASO_José Luis Guerín: Tras el momento de la revelación
25 de Febrero de 2013

Por toda la Escuela se puede leer la presentación que escribió la cátedra de Documental para José Luis Guerín. Allí aseguran que se encuentra entre “los máximos representantes del cine de autor europeo, por la capacidad de crear una obra singular, poética, en continua renovación del lenguaje fílmico y de la misma idea de belleza”. Se mencionan sus cortos, largometrajes como Los motivos de Berta (1985), Tren de sombras (1997)… y En construcción (2001), que lo dio a conocer al gran público y ganó el Goya al mejor documental, el Premio Especial del Jurado en el Festival de San Sebastián, entre otros.

¿Cuándo decidió que su vida debía estar ligada el cine?
Siempre tuve claro que iba a hacer películas. Cuando vi mi primera película en un cine sentí una gran frustración por no pertenecer al otro lado de la pantalla. Era un niño y no podía formulármelo de otra manera, pero entendía que mi mundo estaba al otro lado de la pantalla y no al lado de los espectadores. Siento una gran atracción por el gran cine clásico, un gran interés también por las vanguardias y me salto un poco lo del medio, lo que podría ser una especie de cine correcto más o menos de qualité. Nunca me he permitido quebrar mi pacto con el cine, mi compromiso con el cine, el cine es mi escritura, disfruto mucho con ella es muy importante no perderle el respeto.

¿Cuál diría que es uno de los momentos que le da más satisfacción de la realización cinematográfica?
Un instante de felicidad recurrente es cuando estoy ante una sala de cine, frente a la pantalla en blanco, esos instantes previos a que suceda la revelación. Para mí, como cineasta y como espectador, el cine está muy ligado al deseo de la revelación. Se lo debo a mi herencia religiosa católica. Esa tensión frente a la pantalla blanco justo antes de que comience la película es la misma que tengo cuando sostengo la cámara y estoy atento a esa posible captura del momento de revelación.

¿Qué intereses creativos encamina como autor dentro de las posibilidades que ofrece el documental?
Documental no es un género, es un cajón de sastre donde va a parar todo lo inclasificable desde de los criterios de consumo. Pero diría que nos viene bien a los cineastas en cierto grado porque nos da una margen de libertad, sobre todo en lo que concierne al guión. Una convención más o menos asimilada es que una película de ficción requiere del guión canónico de un dramático. El guión se escribe porque puede ayudar a hacer la película, pero hay una segunda razón: el inversor, el capitalista quiere saber dónde se invierte su dinero. El documental tiene otro pacto con esa idea del guión escrito. Por ejemplo, decía Joris Ivens que a él le daba igual una forma u otra, pero como no estaba dispuesto era explicar a sus inversores lo que eligió hacer, eligió el documental.

¿Qué lo motiva a venir a la Escuela?
Me gusta mucho esta escuela, este paisaje arcádico que ofrece la posibilidad de pensar sobre cine, casi como los filósofos griegos, bajo los olivos. Es una maravilla comparada con las escuelas de cine que tengo por España, en Cataluña, donde el estudiante promedio busca introducirse en el mercado norteamericano, hacer películas directamente habladas en inglés; donde se enseña el cine de la globalización, que seduce tanto a los jóvenes. Me conmueve que aquí tengamos un jardincillo dedicado a Zavattini, una mediateca con el nombre de André Bazin, una sala que se llame Glauber Rocha. Me gustan mucho los graffitis, el “Viva la utopía”. Recomendaría a los alumnos y a la Escuela, que fueran fieles al espíritu que se hace visible al llegar, que nos tomemos más en serio la utopía, la libertad de creación, los nombres de los cineastas que encontramos por ahí. Ese es probablemente el espíritu que guió la fundación de la Escuela. Recomendaría que no se cediera nunca a la tentación de formar técnicos más o menos solventes para una industria. Me gustaría que se preservara y se distinguiera frente a otras escuelas por esa exigencia del cine de autor, del compromiso de autor y de la libertad más allá de las exigencias del mercado.

La asignatura que está impartiendo, ¿de qué trata?
No es una asignatura, es una tutoría. Doy seguimiento a los proyectos que preparan los alumnos de Documental para fin de curso, que serán sus trabajos de tesis. Es muy agradable porque más que dar clases converso con ellos, confrontamos ideas entre cineastas. Intento, pues, pensar como si fuera el cineasta que ellos aspiran a ser. Nos cuestionamos asuntos muy prácticos: ¿a qué distancia vas a elegir a esta persona?, ¿cómo te vas a relacionar con esta otra persona? ¿ cómo vas a organizar las elipsis?

¿En qué proyectos se encuentra en estos momentos?
Un crítico de cine en España me descubrió que mis películas impares me salen muy intimistas silenciosas, casi aristocráticas. En cambio, las películas pares me salen sumamente populares, corales, con mucho diálogo. En cada película busco un poco destruir a la anterior. Y las últimas son como soliloquios: yo solo, con mi pequeña camarita doméstica, para luego transferirla al 35; son como diarios personales. Ahora tengo muchos deseos de trabajar en equipo. Sigo trabajando en ello, estoy todavía en la fase del desarrollo del guión.

Me podría adelantar el tema…
¡No! Eso nunca.