José Arroyo: Los géneros son pactados

José Arroyo ha ejercido la crítica alrededor de 30 años, ha publicado numerosos trabajos dedicando especial atención a los géneros cinematográficos: el melodrama y el musical… además de filmes de temas gay y lésbicos. Es crítico regular de la importante revista Sight and Sound, así como de la BBC.

¿Qué asignatura imparte?
Lo que enseño en Inglaterra es teoría e historia del cine, y son los conocimientos que quiero compartir en la EICTV. Enseñar a ver y escuchar el cine, que antes se hacía de una manera y ahora este hábito ha ido cambiando.

¿Por qué?
El acto de mirar se crea social y tecnológicamente. Observamos de acuerdo con nuestra vida y nuestra experiencia. La diferencia con el pasado está en que hoy la gente va poco al cine, prefiere el video, donde las películas se consumen de forma completamente distinta. No se debe solo a la textura de la imagen, el tamaño de la pantalla, sino también al ambiente del cine. Por ejemplo, el DVD le quita al director una de las herramientas más importantes con que cuenta porque el control del tiempo no es suyo sino del espectador. A mí, por ejemplo, no me gustan mucho las películas de terror, y cada vez que llega un momento tenso voy y me hago un café. Con esto se neutraliza todo el sentido de este género, que es dar miedo. La experiencia es vital, el teórico francés Pierre Bourdieu explica que saber no solo da estatus sino que además permite comprender, o sea, ver. Existe mucha literatura sobre cine hecha por críticos que saben leer, pero que no necesariamente logran ver y escuchar.

En sus conferencias trata los géneros cinematográficos, específicamente el cine negro, el musical y el melodrama. ¿Por qué estos tres?
Porque son tres géneros clásicos, dos de ellos muy despreciados: el musical y el melodrama. El musical es clave para comprender el cine, porque estamos acostumbrados a valorar las películas según la historia. Decimos: “Si no es realista, no me la creo”. Un musical, si es bueno, es porque tiene interesantes números musicales, con baile, color, ritmo; así funciona. Debemos mirar el cine de acuerdo con estas características: textura, ritmo, montaje, decorado, trajes, actuaciones y cómo se filman esos elementos. El cine musical cuenta con grandes películas, pero no hay grandes directores. El más cercano es Vincente Minelli, y muchos no lo ven como un grande. El musical resulta de un trabajo colectivo. Esto sirve para cuestionar las ideas sobre cine de autor, que han hecho bien, pero también mucho mal. Quizás ahora con el cine digital esta circunstancia cambia, pero hasta ahora el cine siempre ha dependido de un equipo. Y el cine musical te obliga a pensarlo como una colaboración, donde hay un coreógrafo, un músico… aquí es fuerza hablar de ello.

Mencionaba a Minelli y me hace recordad toda una época clásica del musical hollywoodense. El género ha transitado por varias etapas hasta hoy, se habló incluso tiempo atrás de su desaparición. ¿En qué estado usted diría que se encuentra el musical ahora?
El género sigue vivo, es popular. El cine de Hollywood ensambla una industria alrededor de un proyecto. Antes cada estudio producía 40 o 50 películas al año, entre ellas un número de musicales. Para hacerlos contaba con departamentos de música, bailarines, era sencillo. Ahora es necesario buscarlos, buscar los bailarines, los cantantes, los trajes. Entonce, hacer hoy un gran musical es muy caro, y es eventual. Pero está Los miserables, que es terrible. Pero también se hacen muchos musicales en televisión. Entre los programas más exitosos del momento están Glee y Smash. Y luego hay todo ese musical teen (adolescente): Step up, …2, …3, que son muy malos en mi opinión, pero que a los jóvenes les encanta, especialmente a las muchachas. Este año hubo como una docena de ese tipo en Hollywood; así que pienso que el musical continúa, aunque siempre ha sido un tanto despreciado por la crítica.

¿Sucede igual con el cine negro… se mantiene en boga?
El cine negro siempre vive. La razón por la que he escogido hablar de cine negro es porque hay una discusión sobre si es un género, para muchos es un estilo, una temática, con cierta iconografía. Los estudios no decían: “Vamos a hacer 10 películas negras”. Decían: “Vamos a hacer películas de gángsters, o de crímenes”. Es como un accidente que todas se parezcan, tenían una estructura narrativa similar, que dice tanto de esa época no solo en América… El término que lo inventaron los franceses: filme noire para describir ese cine de Hollywood que se parecía mucho a los libros de Série Noire, de crimen, que había en ese país. El género pervive y con mucha fuerza. Un crítico norteamericano muy bueno decía que si vas a una tienda de video encuentras como Cine negro, de un lado lo que es horror gótico (como Cat people) y del otro la ciencia ficción distópica, en medio quizás estaría Double indemnity, de Billy Wilder. El cine negro se mantiene hoy, pero si lo tomas como un estilo. Cada año hay como 10 filmes que son más o menos negros, por la iluminación o la temática, o porque se valen de su iconografía en un set diferente. Hoy se nos presenta de forma diferente, en muchas de las series de HBO. Estos géneros siguen vivos porque describen en cierta forma al ser humano. Los musicales hablan de la utopía por la alegría que reflejan, el optimismo. El negro es como a la inversa, muy romántico
El cine negro es al revés es como yo pienso un cine muy romántico, de hombres, como alienados, no solo por el crimen, sino alienados de la vida, de sí mismos, que encuentran algo con una mujer y por eso se mueren. Siempre, ¿no?

Es la filosofía de la sociedad de posguerra.
Sí, es Camus, es el existencialismo francés. Y eso continúa. Y el melodrama es de la familia, siempre trata de la familia, o del género en el sentido masculino o femenino, y todo es eso. En los melodramas masculinos de Minelli o de Nicholas Ray, toda la cuestión es de qué ser un hombre, y los de las mujeres es qué es ser una mujer. Y cosas que tú quieres y la sociedad no te permite hacerlo y cosas que quieres decir y no puedes, porque si lo dices le haces daño a alguien. Por eso voy a enseñar el melodrama y el musical porque el melodrama es un género mudo, el problema siempre es que la gente no puede decir lo que piensa, lo que sufre.

Esto me lleva a una pregunta que arrastro desde mucho tiempo. Los especialistas en literatura desde Aristóteles se han ocupado de buscar límites entre un género y otro, de decir hasta dónde llega uno, siempre tratando de buscar un patrón que permita clasificar y distinguir. En el cine, sin embargo, algunos describen los musicales como prototipos de melodramas, el cine negro, a ratos más que un género parece un estilo… ¿Qué patrones…?
Mucha gente trata de definir o dar límites a lo que es un género, pero yo pienso que un género por antonomasia no puede ser definido de esa manera. El género es como un contrato implícito entre el público y la gente que hace el cine. Un cineasta siempre juega con expectativas, dice: “Vamos a hacer una película de terror: ¿Qué da miedo hoy?”

Es lo que Umberto Eco llama pacto de lectura.
¡Eso es un género! La cosa es que ese pacto siempre cambia porque está influenciado por lo que se ha visto, lo que ha gustado, lo que no ha funcionado. Así, con el tiempo, los géneros cambian, porque cambia el pacto de lectura. Yo sé que el cine de autor aquí es como lo más grande, pero esa es una de sus deficiencias. Le digo a los autores: “A mí no me interesa tu expresión, me interesa mí experiencia personal”. Solo veo una película para desarrollarme como ser humano, luego vuelvo la próxima vez si eso que vi inicialmente me interesó. La expresión de un autor es tan legítima como la de cualquier otra persona, mientras que el cine de género es el resultado de una experiencia colectiva. El cine de autor existe porque recibe buenas críticas, porque siempre ha sido financiado por el Estado y al Estado le interesa que tenga buenas críticas, que gane festivales por el mundo. Así, el autor solo hace cine para cinco directores en festivales y a lo mejor 10 críticos. A mí me interesa que el cine llegue a un público más grande, pienso que es más honroso y difícil.

Por último, me gustaría saber, ya que una de sus motivaciones para venir a la EICTV es esa: ¿qué le ha parecido La Habana… Cuba?
A mí me encanta Cuba, por eso venimos todos. Pensamos todos que es un país a punto de cambiar, que quizás la gente quiere ese cambio, pero que también va a perder algo valioso al menos para una generación, una idea que continúa siendo importante. Lo primero que veo cuando vengo aquí es gente muy sana. Todos tienen mejores dientes que yo. La pobreza está escrita en el cuerpo, aunque tengas un buen traje, y aquí no se nota. La gente se ve muy educada. No te encuentras personas sin hogar, por la calle, que abundan tanto en el mundo de hoy. Aunque faltan muchas cosas, la gente tiene aquí para comer, tiene para vestir y tiene un techo, y acceso a la educación y los médicos. Aquí en Cuba la gente tiene derecho a aspirar a una vida mejor, por supuesto. Sé que muchos extranjeros vienen a La Habana para ver sus edificios rotos de los 50; sin embargo a mí me gustaría ver La Habana como sigue de educada, pero con edificios y coches nuevos.