De Paso_Claude Bailble: el cineasta y la inteligencia sensible
8 de Febrero de 2013

¿Qué lo motiva a venir a la EICTV?
Son varias las razones. Escapar del invierno francés para pasar aquí una quincena de clima agradable. Quería además saber sobre la situación actual de Cuba, conversar con los estudiantes sobre lo que está pasando y verlo con mis propios ojos, porque siempre me ha interesado la historia de este país, su régimen socialista y la posibilidad de encontrar soluciones diferentes a las europeas. Por otra parte, puedo aprender sobre América Latina por medio de los estudiantes de diferentes naciones que se encuentran aquí. Cuando me retiré de mi puesto de profesor en la Universidad de París VIII, decidí pasar más tiempo en el extranjero, conocer sobre sus programas docentes. Veo ahora que los problemas pedagógicos siguen siendo los mismos en diferentes lugares. Aquí, de manera general, percibo que no existe igual entusiasmo que hace 15 años. No es solo Cuba, se trata de un problema global, de la crisis que es cada vez más intensa. La situación de los mercados financieros se ha vuelto completamente alucinante, existen computadoras que especulan automáticamente con la bolsa. Hay además una crisis de tipo práctico, que tiene que ver con el desempleo, la precariedad. Las aspiraciones a vivir mejor se han ido desgastado y eso provoca que la juventud toda, no solo la cubana, también la latinoamericana y la europea no sepa a dónde dirigir su futuro. Ya no marchamos hacia el comunismo del siglo XX ni hacia el hipercapitalismo del XXI, la gente no sabe a dónde ir. Ante los problemas que se avecinan no encontramos una propuesta de solución. En esa situación, el cine juega un rol vital, debe informar, debe poner en tela de juicio, debe llamar a la reflexión, a la resistencia.

Y ¿cuáles serían los retos y logros de la EICTV en este sentido?
Debe formar artistas y técnicos capaces de resistir el caos e incluso proponer soluciones. Para mí el cineasta es un cuadro superior de inteligencia sensible, debe ser capaz de debatir en un plató de televisión, defender sus puntos de vista ante la prensa, perseverar en un camino de mejoramiento, disminuir la ignorancia no desde un discurso didáctico sino estético. Lo didáctico no es equivalente a lo estético. Por esta vía, el cineasta puede contribuir mucho a mejorar la comprensión del mundo, y a su transformación incluso. La ignorancia conduce a la barbarie, mientras que la sabiduría es una forma de resistencia ante lo peor.

¿Qué asignaturas imparte en la Escuela?
Imparto Documental, trabajo con los dispositivos de rodaje, las diferentes formas que tiene el medio para hacer de una obra algo más que un reportaje, un verdadero documental. Enseño un curso además a los estudiantes de Sonido sobre Sicoacústica aplicada a la captura y la mezcla. Trato allí de llamar a la reflexión sobre el pensamiento en imágenes, que es un pensamiento preconsciente e instantáneo, lo utilizamos constantemente para ir más allá de lo que percibimos, para transformar lo invisible en visible. Lo que he constatado en los primeros trabajos de los estudiantes es que tienen demasiado “blablablá”, no se preocupan por el movimiento de los ojos, del rostro, del cuerpo en general. Trato de que eso cambie.

Para algunos críticos, cineastas y espectadores, el cine es un arte esencialmente visual, y el sonido ocupa un lugar secundario…
Porque el espectador no escucha el sonido, sino la fuente del sonido. Nunca escuchamos el ruido de un timbre, lo que decimos al instante es: “Hay alguien en la puerta”. El espectador va directamente al resultado de la inferencia sin pasar por la premisa de la inferencia, que es la materia sonora. Solo se da cuenta del sonido cuando hay problemas y entonces dice: “No comprendí, estuvo pésimo”. Pero cuando está bien hecho dice: “No estuvo mal”, pero no te sabe decir por qué. Además, no hay educación sonora en la escuela secundaria o primaria, los únicos educados sonoramente son los músicos. Las otras personas no, se quedan en la banalidad de las cacerolas, del ruido de pasos, de autos, no prestan atención. Entonces, el guionista, el director, el ingeniero de sonido, el montador y el mezclador, son los que deben crear una escenografía del sonido más expresiva que la de una reproducción estrictamente realista. El sonido es un arte energético, o sea, que hay 60 decibeles dinámicos, de los cuales 40 son fácilmente utilizables, mientras que la imagen solo tiene 20 decibeles dinámicos luminosos. El sonido tiene 40 decibles que incluyen los ataques, los impactos, los subito-forte, lo subito-piano, el crescendo. Eso llega al corazón del espectador, el sonido con esa fuerza energética tiene la capacidad inmediata de crear emoción.

Se habla mucho de la mezcla entre géneros, pero me gustaría saber sobre los elementos que distinguen el documental de otras formas.
Existen diferencias, semejanzas y extrañezas absolutas. La imagen y el sonido en la ficción o el documental no entran en el mismo presupuesto, ni tampoco en el mismo tiempo de rodaje. Por una parte se rueda en el gran palco de lo real, mientras que por otra se rueda con actores ya sean aficionados o profesionales. En todo caso, en el documental nos restringimos a la puesta en escena de lo real, que ya está construida cuando se instala la cámara. Jugamos a dirigir los actores de lo “real” de forma tal que nos entreguen cosas interesantes, significativas, sin embargo no podemos transformarlos en actores dramáticos, es imposible. Lo único que podemos proponernos es que actúen como lo hacen de costumbre. Quizás no hemos llegado en un buen momento, y por eso les pedimos que repitan una acción, quizás se vean confrontados inesperadamente con las personas que llegan, pero en el mejor de los casos, la cámara deviene reveladora, modificadora del comportamiento de las personas que estamos filmando.