DE PASO_Boris Gerrets: “Contaminados por la curiosidad”
21 de Enero de 2013

Conversamos con el documentalista, quien impartió en la EICTV el taller “Narrativa y estructura” a los estudiantes de Tercer Año de la especialidad.

Boris Gerrets se considera “un autodidacta en el universo del cine”. Antes de llegar al séptimo arte, estudió pintura, trabajó en el teatro y la danza. El documental aparece en su carrera artística como “un tránsito muy orgánico”. Se trata, según explica, de “disciplinas distintas con elementos similares como el sentido del ritmo, y de la composición. Lo encuentras en la pintura, en la danza, en el teatro, en la música, formas que son universales y que puedes utilizar en el cine también”.
¿En qué consiste el taller que está impartiendo a los estudiantes de tercero de Documental?
Se llama “El documental, narrativa y estructura”. El taller se centra en la estructura narrativa del documental, algo interesante en el sentido de que estructura y narrativa son dos elementos que están estrechamente ligados, pero el documental enfrenta problemas muy específicos que son diferentes a los de la ficción. Nosotros abordamos en el taller las diferentes etapas del documental y vemos cómo la estructura puede servir a dar una idea clara de lo que quieres hacer.
Es la primera vez que está en la Escuela. ¿Qué lo motivó a venir?
Algunas personas que conozco habían estado en Cuba y este país despertaba mi curiosidad, también me hablaban de la Escuela. La primera vez que me propusieron venir, no pude porque estaba realizando una película, pero en cuanto tuve la oportunidad, muy recientemente, dije que sí, y aquí estoy.
De la relación entre ficción y documental se habla muy frecuentemente, como de la mezcla entre géneros. ¿ cuáles son en su opinión los límites entre documental y ficción que no deberían transgredirse?
Eso es una cuestión muy complicada porque no es posible decir en teoría cuáles son los límites, pasa por decisiones éticas muy personales que dependen mucho de las circunstancias.
En lo que se refiere al límite entre ficción y documental, creo que en el documental, la persona que mostramos debe respirar autenticidad, ya que su vida y su realidad son el centro. O sea, si las acciones que muestras de esa persona parecen venir del exterior, estás transgrediendo la idea del documental. Debes pedirle que realice acciones coherentes con su vida, creíbles dentro de su realidad. Sin embargo, hay que reconocer que cada autor tiene elementos que lo distinguen y sus búsquedas son personales también. Es difícil hablar de límites.
Usted no solo es cineasta, sino que además es pintor, ha hecho teatro. ¿Qué encuentra de especial en el cine que lo distinguen de otras manifestaciones como medio de expresión artística?
El cine es un espacio mental, a la vez que permite al espectador vivir al interior de ese espacio. Más que la pintura, que se dirige sobre todo al individuo; más que el teatro, que desarrolla una forma casi ritual; el cine tiene lugar en la mente de la gente que lo observa. Hay gente que me ha dicho que después de ver una película, la sigue viviendo los días siguientes. Esos personajes siguen vivos después de terminado el filme. Es algo único. La música, el teatro, la literatura generan impresiones muy fuertes, pero no siguen viviendo en tu interior como el cine, que además continúa ofreciendo interrogantes.
Respecto a People I could have been and maybe am¿qué lo motivó a utilizar un celular como medio de grabación?
No fue una decisión muy consciente, fue casi una casualidad. Tenía por primera vez un celular que me permitía filmar y comencé a hacer ensayos. Pero una vez que tenía el material, que era valioso, no podía cambiar de formato.
Además de los personajes que aparecen en este documental, usted también se incorpora como un personaje. ¿Qué lo lleva a tomar esta decisión?
La película necesitaba un punto de vista, un guía que te permitiera observar e identificarte con lo que veías, es un elemento que porta la subjetividad del filme. Aquí corres el peligro de ser un voyeur debido sobre todo al celular, que puede penetrar donde quieras. Era necesario porque un voyeur nunca se revela, y yo sí lo hago. Y eso además genera ideas que tienen que ver con la transparencia de lo que presencias, con el efecto que provoca en el que filma la realidad que está filmando.
Si tuviera que elegir algunos momentos significativos o importantes dentro de su carrera cinematográfica, ¿cuáles serían?
Sería esta última película, porque  ilustra la idea de que filmar es como un performance, el paralelismo de estar afuera y a la vez adentro como realizador, el constante flujo del tiempo durante la filmación, que tiene un aquí y un ahora.
Está haciendo en estos momentos Shado’Man. ¿Qué lo motiva como realizador a desarrollar este tema?
Shado’Man es una película que estoy haciendo en Sierra Leona, en Free Town, su capital, una ciudad de tres millones de habitantes. Se trata de un país donde hubo una guerra civil muy cruel hace 10 años y fue la causa de que una ciudad mediana de ocho mil personas, tenga ahora tres millones de habitantes. Sierra Leona está en el número ocho en la lista de los países más pobres.
Estoy haciendo una película con un grupo de gente que vive en las calles y que están al fondo de la escala social porque son discapacitados. Tengo una razón muy personal, porque cuando fui joven viví en ese país, nunca más regresé hasta hace muy poco. Lo primero que encontré fueron estos mendigos de Freetown que me pidieron dinero y yo les dije: “puedo darles dinero, pero ¿por qué no hacemos una película?” Así me convertí en un vehículo para que ellos hablen de sí mismos. Busqué presupuesto y volví. Hemos formado un pequeño grupo. Soy el que hace la cámara, y más o menos dirige, pero no siento que la estoy realizando solo, es asunto de todos.